Usura
- rubenmartin73
- 26 juin
- 2 min de lecture
Los poemas se desgastan. No todos, pero algunos sí. Sé que hay quien piensa que eso no es cierto, que los buenos poemas o la buena literatura en general puedan desgastarse.
Yo no estoy de acuerdo, como escritor. Cierto, como lector, existen poemas que no se gastan nunca, que se pueden leer una y otra vez y guardan el sentido que le corresponde a la poesía. Además, siempre encuentran nuevos lectores, reinterpretaciones, homenajes, incluso siglos después de haber sido escritos.
Otros poemas caen en el olvido, pasan al ostracismo, o no ven la luz pública, algunos porque se desgastan antes, porque, como escritor, no es lo mismo.
Varios de mis poemas están llenos de parches, otros sufren usura, muchos de ellos tienen versos rotos, causan averias emocionales, lo que les hace ilegibles, al menos para mí. Léalos usted si se atreve.
Poemas de juventud, de amor o desengaño, llenos de naufragios, de descalabros, de Cenicientas, Dulcineas, Capuletas o usureras, de pérdidas de seres queridos, de proyectos inacabados o caducos. Otros, incluso recientes, son tan efímeros que pasan del buen sabor de boca al gusto amargo en un abrir y cerrar de ojos.
Desde que huelo su primer verso, si el poema está desgastado, su rima me chirría al oído como una bisagra oxidada.
Si presenta usuras diversas, el simbolismo de sus palabras no es más que un sin sentido de palabras vacías.
Por eso defiendo mi tesis; los poemas se desgastan, incluso los buenos. Puede que para el lector no, pero para el escritor sí.
Tengo algunos sonetos con una métrica perfecta, pero se desgastan igual que se agurran mis manos o que se me cae el pelo. Mi poemas se desgastan porque son parte de mí. Algunos de ellos, para soportar la usura, han tenido que cambiar de fisionomía, de objeto o
de género. Solo si el azar lo desea, cuando se me rompe un verso, sus letras caen sobre mi escritorio y se siembran otros nuevos.
RMN




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